Piscis y la esfera del amor

Piscis es, según se entienda, el primero o el último de los signos del zodíaco.

Si tenía que ser un final, se confunde con un principio. Y como principio, es un impulso que disuelve toda intención en una intención mucho mayor, una intención Absoluta. Que puede parecer un final, pero no lo es. Es una ascensión.

Que la última esfera de la rueda zodiacal sea coagulada a través del elemento agua y obedezca a la triplicidad mutable ya contiene en sí una Verdad que envuelve todo el camino zodiacal, camino solar. Con esta Verdad se podrían disolver el resto de las esferas, y todo concentrarse en el camino de Piscis y la irrupción de Aries, previa y posterior, para volver nuevamente a Piscis. Una verdad aparentemente velada, pero la más directa y transparente de todo el Zodíaco. Y también, la más difícil, según parece.

De la no-dualidad, al a m o r

Previamente en Acuario ya se ha consolidado la esfera mental, pasando por todos sus diversos laberintos, laberintos del intelecto, el raciocinio, los egos y el progresivo desapego, para desarrollar la verdadera conciencia trascendental del ser humano, el concepto de humanidad, su abstracción y elevación. Podríamos quedarnos en Acuario y todo sería aparentemente más fácil, porque hay la necesidad humana de control, que encuentra su máxima expresión a través del pensamiento. Acuario como signo parece muy etéreo pero es la triplicidad fija en todo su esplendor. Nada hay más fijo y contractivo que una idea asentada profundamente en el órgano mental. Es la percepción de la realidad lo que aquí se crea. Pero tampoco hay nada más potente que un estado de conciencia mental desapegada, elevada, no-dual. Esta es la meta de acuario, desarrollar la percepción no dual de la existencia. El final de la esfera de Acuario es algo así como un abismo, un vacío, un firmamento, que es bello y crudo a la vez. Abismal.

¿Qué hay tras este vacío? O mejor dicho, ¿qué puede hacer la consciencia humana, las personas, frente a este vacío, esta profundidad de la existencia, pero inabarcable, plena, infinita..?

En Piscis está la respuesta. Ya realizada la consciencia mental trascendente, sólo queda el espíritu, sólo hay espíritu. Se han desmantelado todas las ilusiones, las apariencias, los sentidos, los egos. Entonces, el espíritu. En la esfera pisciana todo hace alusión al espíritu, en cualquiera de sus expresiones, ya sea una huida, evasión, búsqueda, fusión, transmisión. Y en las ciencias o lenguajes del espíritu, los caminos más elevados son los que apuntan al AMOR.
Piscis es el amor.

Pero el amor no como posesión o condición, el amor como entrega.
El amor como ciencia
El amor como devoción
amar como una entrega
entregarlo todo, a algo más grande, algo que crea y contiene todo, algo de lo que la consciencia humana apenas si es capaz de percibir una milésima porción de su potencia e infinitud. Es a través del amor que conocemos este abismo, que no lo conocemos, sino que nos entregamos a él, nos perdemos, y nos encontramos en Él. Lo Absoluto, lo Supremo. Dios, Krsna, Allah. Puedes llamarlo como quieras, pero llamalo

así, te responde

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